Imagínate poder viajar en el tiempo y asomarte a una Galicia que ya solo existe en los recuerdos de los más mayores o en libros antiguos. Pues bien, gracias a un esfuerzo monumental de digitalización, hoy podemos hacer precisamente eso. La Hispanic Society of America (HSA) ha abierto las puertas de su archivo para mostrarnos el impresionante trabajo de Ruth Matilda Anderson, una mujer que con su cámara capturó la esencia más pura de una tierra que la fascinó por completo.
No estamos hablando de unas pocas fotos curiosas, sino de un tesoro visual de más de 14.000 imágenes globales, de las cuales unas 5.000 están dedicadas exclusivamente a Galicia. Esta colección, que hasta hace nada estaba guardada bajo llave o solo disponible en fragmentos, nos permite ver una sociedad marcada por el campo, la pobreza y una resiliencia admirable, donde cada rincón de la geografía gallega tiene ahora un rostro y una historia que contar.
¿Quién fue la mujer detrás del visor?
Ruth Matilda Anderson no era una turista cualquiera. Nacida en Nebraska en 1893, se formó en la prestigiosa Escuela de Fotografía de Clarence Hudson White en Nueva York, donde aprendió que la fotografía no era solo técnica, sino una forma de expresión artística. Su vínculo con España nació en 1921, cuando la Hispanic Society le encomendó la tarea de documentar la cultura material, los trajes y las costumbres de la península Ibérica.
En sus expediciones, que se prolongaron entre 1924 y 1930, Ruth no fue sola. En su primer gran viaje a Galicia estuvo acompañada por su padre, Alfred Theodore Anderson, un pintor y fotógrafo que ayudó a contextualizar cada toma mediante un diario detallado. Más tarde, volvió acompañada por Frances Spalding. El hecho de que fueran mujeres jóvenes, autónomas y profesionales en aquella época llamó muchísimo la atención de la gente, permitiéndoles un acceso privilegiado a espacios íntimos, como el interior de las casas populares, que quizá a un hombre le habrían sido vedados.
Una mirada profunda a la Galicia rural y urbana

Aunque el encargo inicial era centrarse en la vestimenta tradicional, Ruth acabó haciendo una radiografía completa del país. Sus imágenes no se quedaron en lo superficial; se metió de lleno en los mercados, las ferias, los pazos y las labores del mar. Un punto clave de su obra es la visibilidad de la mujer. Anderson quedó impactada por la fuerza de las gallegas, observando que en muchas zonas había cinco mujeres por cada hombre, siendo ellas el verdadero motor de una economía golpeada por la emigración y la precariedad.
- Oficios olvidados: Documentó la labor de las rederas, los artesanos de zuecos y las famosas lecheras.
- Arquitectura y paisaje: Desde la majestuosidad de los monumentos hasta la sencillez de las casas de campo.
- Vida cotidiana: Romerías, fiestas religiosas y escenas de género que hoy nos parecen irreconocibles.
En ciudades como Vigo, su paso dejó huella en lugares como O Berbés o el Pazo de San Tomé, mientras que en Santiago de Compostela pasó más de un mes. Allí, el Hotel Suizo fue su cuartel general mientras fotografiaba el Toural lleno de carros y vacas, o la Alameda, que en aquel entonces era un bullicioso mercado de ganado y no el parque tranquilo que conocemos hoy.
Más allá de la fotografía: Traductora y ensayista
Sería un error reducir a Ruth Matilda Anderson a una simple fotógrafa. Su conexión con Galicia fue tan visceral que aprendió el idioma gallego y se dedicó a leer y traducir a Rosalía de Castro. Esta faceta de investigadora y traductora ha sido puesta en valor recientemente por Alba Rodríguez Saavedra en su obra Ruth Matilda Anderson: tradutora das marxes, destacando que Ruth fue una reveladora de la realidad social de los años veinte.
Todo este material cristalizó en 1939 con la publicación de Gallegan province of Spain. Pontevedra and La Coruña, un volumen que no solo incluía sus fotos, sino también obras de pintores como Sorolla o Álvarez de Sotomayor y fotografías de autores locales. Era, en esencia, una enciclopedia visual y cultural de la región.
El archivo digital hoy: Un mapa del pasado

Lo más emocionante de todo es que ahora este fondo está disponible de forma gratuita en la web de la HSA. El sistema es increíble: las imágenes están geolocalizadas en un mapa virtual y organizadas cronológicamente mediante el llamado ‘número Anderson’. Podemos ver, por ejemplo, cómo el Mercado de Abastos de Santiago era un hervidero de vendedoras y productos del campo, o cómo la calle Casas Reais era transitada por burros y carros de vacas.
Además, existen proyectos actuales, como el de la Asociación Etnográfica Sete Espadelas, que han ido más allá de la imagen para reconstruir físicamente los trajes que Ruth fotografió. Tras años de estudio, han logrado reproducir más de 75 vestimentas basándose en los patrones y tejidos antiguos que aparecen en las fotos, devolviendo la vida a la indumentaria de las lecheras de Santiago o las vendedoras de la Praza da Leña.
La digitalización de este archivo representa un hito para la memoria histórica, ya que convierte miles de negativos originales en un recurso público y accesible. Desde los retratos íntimos de mujeres trabajadoras hasta las panorámicas de ciudades que han cambiado radicalmente, la obra de Ruth Matilda Anderson se erige como el testimonio más exhaustivo realizado por alguien ajeno a Galicia, dejándonos un legado incalculable sobre quiénes éramos y cómo vivíamos hace un siglo.