Si te mola la cocina que rompe esquemas y buscas un sitio donde la creatividad no tenga límites, tienes que conocer Gunnen en La Coruña. No es el típico restaurante donde vas a comer lo de siempre; es más bien un refugio gastronómico, un rincón íntimo donde la palabra holandesa Gunnen, que se traduce como alegría compartida, marca el ritmo de todo lo que pasa entre los fogones y la mesa.
El local es minúsculo, casi un secreto a voces situado en una zona nueva de la ciudad, un pelín alejado del bullicio del puerto y el centro. Con apenas tres mesas, el ambiente es súper cercano, convirtiendo cada cena en una experiencia casi privada donde el equipo, formado por Chechu Rey, Angélica Vieira y Josué Neira, cuida cada detalle para que el comensal se sienta parte de un experimento culinario fascinante.
Un laboratorio de sabores y vanguardia
Para entender Gunnen hay que entender que es, en esencia, el laboratorio de I+D de Chechu Rey. El chef, que además es un experto en la industria alimentaria, utiliza este espacio para jugar con fermentaciones, texturas disruptivas y sabores que te dejan loco. Aquí la cocina no se entiende sin la sostenibilidad y el aprovechamiento integral, buscando siempre darle el protagonismo a los productores locales y a los artesanos de la zona.
El menú es una montaña rusa de emociones técnicas. Han destacado platos que desafían la lógica, como las navajas ultra congeladas para romper sus fibras y servirlas crudas en forma de trenza, acompañadas de una espuma de sus propias valvas y ajo oxidado. O esa berenjena cocinada enzimáticamente con pectinasa, logrando una textura firme que rompe con la tradición de servirla siempre fundente por el calor.
Propuestas gastronómicas y menús
El restaurante ofrece diferentes experiencias según lo que busques, destacando menús como el Tempo (14 pases por 100 euros) y el Impulso (11 pases por 80 euros), aunque los precios han variado ligeramente en sus propuestas. La carta es un despliegue de producto gallego tratado con una técnica impecable, donde destacan:
- Tomates de diseño: Desde el tomate púrpura de la explotación Lua de Dexo hasta la variedad A Marola con aceitunas bravas.
- Mariscos reinventados: Una carbonara de calamar de potera con cacheira de cerdo celta y yema de huevo que es sencillamente irresistible.
- Pescados nobles: El bonito de Burela, tratado con salmuera y servido con un licuado de pimientos de Herbón o agua de tomate.
- Aposturas vegetales: Guisantes lágrima sobre ajoblanco y un pudding de coliflor con curry.
No se quedan cortos con el mundo líquido. Tienen una bodega seleccionada a dedo para que los vinos encajen perfectamente con la complejidad de los platos. Además, son pioneros en apostar por la filosofía NOLO (No/Low Alcohol), creando sus propias bebidas bajas en alcohol o sin él, siguiendo la estacionalidad del mercado.
El toque final y la filosofía del desperdicio cero
La parte dulce es el cierre perfecto para una jornada de exploración. Han sorprendido con combinaciones como la flor de calabaza y verdolaga con mojito helado, o un sorbete de cerezas encurtidas con palomitas de queso Dajosefa procesadas con nitrógeno. Pero lo más loable es su tarta de centeno y pasas, elaborada utilizando los restos de pan del propio local, demostrando que el aprovechamiento es un pilar fundamental de su cocina.
A pesar de que algunos platos pueden resultar muy complejos, la magia de Gunnen ocurre cuando el chef simplifica la elaboración para dejar que el producto hable por sí solo. Es una cocina personal, valiente y disruptiva que se aleja de las modas foodies repetitivas de las grandes ciudades para ofrecer una identidad propia y auténtica en el panorama coruñés.
Este pequeño tesoro en La Coruña fusiona la precisión de la industria alimentaria con la pasión de la cocina de autor, ofreciendo menús degustación donde el producto gallego es el protagonista absoluto transformado por técnicas de vanguardia y un compromiso real con el medio ambiente.