
Si hablamos de rescatar la esencia del campo gallego, es imposible no detenerse en el municipio de Meira, en la provincia de Lugo. Aquí se celebra una cita que es puro corazón rural: la Festa da Malla. No es solo un evento para turistas, sino un homenaje vivo a los antiguos oficios del cereal que antaño eran el motor de la economía y la convivencia en las aldeas, donde el trabajo duro se mezclaba con la alegría de compartir.
Lo que hace especial a esta celebración es que no se limita a una exposición estática, sino que es una recreación dinámica y real. Los asistentes pueden ver cómo se transforma el trigo desde su estado natural hasta convertirse en grano, pasando por procesos que hoy parecen prehistóricos pero que fueron la norma durante siglos. Es un viaje en el tiempo que nos permite valorar el esfuerzo de nuestros antepasados y mantener encendida la llama de la cultura popular.
El origen: De un experimento de cazadores a fiesta nacional

Lo más curioso de esta tradición es que nació casi por azar. Todo empezó allá por 1992, cuando unos cazadores decidieron sembrar trigo en una finca para atraer perdices. Al llegar el momento de desgranar la cosecha, los vecinos, movidos por la curiosidad, empezaron a acercarse para ayudar y observar. Esta chispa fue suficiente para que la actividad se repitiera año tras año, incorporando poco a poco maquinaria antigua. Con el tiempo, la música se sumó a la fiesta y, desde 2005, la Asociación Amigos da Malla de Meira tomó las riendas de la organización, logrando que el evento fuera reconocido como Fiesta de Interés Turístico de Galicia.
El corazón de la fiesta: El proceso de la malla
La jornada central es un despliegue de ingeniería agrícola antigua. Todo comienza con la llegada del trigo en tractores clásicos, previamente segado a mano con hoces en fincas locales, donde se suelen labrar unos 3.000 metros cuadrados. El público puede presenciar la evolución técnica del desgranado a través de varias etapas:
- El método manual: El uso de mallas de madera y cuero para golpear el cereal.
- Maquinaria de principios de siglo: Máquinas accionadas por manivelas y piñones, sin necesidad de motor.
- Mecanización intermedia: Desgranadoras con correas conectadas a motores de gasoil y limpiadoras de aire.
- Cosechadoras de arrastre: Las primeras máquinas enganchadas a tractores que agilizaron el proceso.
Además de la técnica, la fiesta es un refugio para el lenguaje. Gracias a estas jornadas, se mantienen vivos términos en gallego que podrían caer en el olvido, como los mollos, las medidas por feixes (grupos de 40 unidades), el vencello o las antiguas seituñas.
Gastronomía, música y cultura local
Como toda buena fiesta gallega, la comida y la música son pilares fundamentales. El plato estrella es, sin duda, el Cocido Típico da Malla, una comida reconfortante que se sirve en un plato de barro conmemorativo. Para cerrar la jornada con broche de oro, nunca falta la tradicional queimada, ese ritual mágico que une a todos los presentes.
El ambiente musical es vibrante y variado. Desde la Banda de Acordeóns y la Banda de Gaitas de la Escuela de Música de Meira, hasta grupos como Fiandola, Ardentia o el dúo Muralla. Estas actuaciones, sumadas a la proyección de documentales sobre la trayectoria de la fiesta y los pregones a cargo de intelectuales como el historiador Ricardo Polín, convierten el evento en un festival cultural completo.
El reto del relevo generacional
A pesar del éxito, la organización, liderada por Manuel Pardo, se enfrenta a un desafío importante: el relevo. Existe una preocupación real por la falta de jóvenes involucrados en las labores del campo. Por ello, se han creado espacios específicos para niños en el Campo da Malla, donde los más pequeños pueden jugar con la paja y el grano, intentando que la nueva generación no vea estas tareas como algo ajeno, sino como parte de su propia identidad.
La fiesta también sirve como motor económico para la zona, atrayendo a visitantes que aprovechan para conocer otros tesoros de Meira, como el monasterio de Santa María, una joya del románico del siglo XIII, o el impresionante paisaje natural del nacimiento del río Miño en el Pedregal de Irimia.
Esta celebración en Meira se ha consolidado como la referencia máxima de las mallas en Lugo, superando la desaparición de otras citas similares en pueblos como Samos u O Corgo. A través de la unión entre el Ayuntamiento, la Diputación de Lugo y una legión de voluntarios, se logra que el estruendo de las máquinas y el aroma del cocido sigan contando la historia de un pueblo que se niega a olvidar sus raíces agrícolas.


